La digitalización

En los últimos años, la tecnología ha avanzado de tal forma, que ha permitido progresar y han aparecido situaciones que en el pasado eran vistas como ciencia ficción. La vida de las personas se ha transformado en muchos aspectos, por ejemplo, hemos cambiado las cartas tradicionales por los correos electrónicos; el teléfono lo llevamos encima y sirve para hacer de todo; tenemos mucha información a nuestro alcance, estamos conectados con otras personas a través de las redes sociales, podemos trabajar desde casa y tenemos un gran contenido audiovisual a nuestra disposición gracias a las plataformas de pago. Por desgracia, la revolución digital tiene sus altibajos: muchas personas manejan sus vidas en función de las redes sociales y favorece el postureo y la mentira; algunas personas no pueden ocuparse de sus asuntos debido a la brecha digital; las pantallas han generado problemas de salud como la nomofobia, la miopía, el sedentarismo o la obesidad; pero lo peor es que los bebés y los niños están expuestos a las pantallas (las personas que nacen con un móvil en la mano). En mi opinión, a los niños y a los bebés NO hay que exponerles a las pantallas (teléfonos y tabletas) y se les puede acercar a los ordenadores de forma segura y paulatina. Muchos padres enganchan a sus hijos a las pantallas para que no les molesten, pero deberían engancharles a los juegos de mesa, la lectura o los juguetes, las pantallas podrían aparecer al llegar a la adolescencia y hay que evitar los «regalos» en forma de pantalla. Con esa decisión errónea, muchos adultos están desdibujando la infancia de los niños. Las pantallas tienen otro problema grave: el ciberacoso favorecido por las redes sociales y sufrido sobre todo por los niños y los adolescentes, pero se puede parar si los hechos se denuncian ante las autoridades. Me parece absurdo discriminar a una persona únicamente porque no tener un teléfono móvil, además llevarlo colgando del cuello o mirarlo cuando nos despertamos son exageraciones que pueden rozar la obsesión. La revolución digital ha llegado a todas partes aunque de forma desigual en algunos lugares, pero una digitalización igualitaria puede hacerse realidad.

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